14 de marzo de 2011

La esposa de Achúcarro es una gran pianista

Emma Jiménez
Consorte de Joaquín Achúcarro


"Cuando toca él, es como si tocara yo"

La música habita la primera planta de la vivienda. Allí están los cuatro pianos y los muchos trofeos y medallas que Joaquín Achúcarro ha recibido a lo largo de su trayectoria como pianista. Emma Jiménez es su compañera y su mayor crítica. Ella también vive con intensidad la música y no solo a través de las manos de su esposo.
- ¿Cuándo nació?
- En 1940, en Sestao. Este año pasado fue el de los ceros: celebramos 50 años de casados, nuestro hijo ha cumplido 40, yo 70…
- ¿Cómo se conocieron?
- Coincidimos en clase de piano durante dos o tres temporadas. Joaquín es 7 años mayor. Yo debía de tener 12 o 13 y él ya había ganado algún concurso en Italia. Luego fui a Viena, Salzburgo… Nos casamos. Entonces, en los años 60, dos carreras de pianistas eran difíciles y era impensable que una señora casada se fuera de viaje sola. Así que yo paré.
- ¿Le pesa?
- Nada. Hace unos años, una periodista, agresivamente feminista, como desgraciadamente te hacen las circunstancias, quería hacerme una entrevista sobre mujeres que se habían sacrificado por sus maridos. Le dije que se había equivocado de perfil. Yo no he sacrificado nada. Ha sido una decisión mía. Dedicarme al piano no me aportaba más de lo que me quitaba. Vivo el piano de Joaquín. Lo toca él, pero yo lo vivo con la misma intensidad. Discutimos un montón…
- ¿Sobre música?
- Hay que discutir de todo.Él suele decir 'Ahí viene Paca con la rebaja'.
- ¿Por?
- Cuando toca él, es como si tocase yo y no me doy cuenta de que debería animarlo.
- ¿Solo le habla de sus errores?
- Sí, y él me dice que soy su peor crítica. Pero sé, soy igual de profesional y tengo ideas que le pueden ayudar. La música es un arte y todo es subjetivo. Se puede tener una estética propia y ser igual de válida que otra. No hay forma de saber cuál es la de verdad. Una partitura es un papel, no suena, y se crea sobre él.
- ¿Quiere decir que no sabe lo que el compositor oía en su cabeza?
- El compositor da lo que Joaquín llama 'el mapa de carreteras', muy detallado, de cómo se va de aquí a allí. Luego, cómo es el paisaje, si subes un puerto, las curvas de la carretera… se lo negocia el intérprete.
Respetar al creador
- ¿Una obra nunca antes interpretada puede ser irreconocible con músicos distintos?
- Puede ser porque, por muy concreta que sea, es imperfecta. Ahora, como hay tanta competencia, los jóvenes, por llamar la atención, suelen hacer cosas que nadie ha hecho. Está de moda cambiar la música sin respetar la tradición: pararse donde el compositor dice que corras o hacer muy fuerte donde dice piano. Hay que respetar al creador, su escuela, su época.
- Depende mucho del intérprete, entonces.
- Y está tan vituperado... A Joaquín y a mí nos apasiona la música, y yo discuto con vehemencia. La discusión da pie a pasarlo muy bien. Si hay alguien que admira a mi marido, soy yo.
- ¿Cómo lleva los ensayos?
- Joaquín tiene dos vidas: la de concertista y la de catedrático en Dallas. Aceptó porque le daba toda la libertad. Eso no existe aquí. En América, cuando algo les interesa mucho, la oferta es irresistible. Le insistieron durante tres años. Le ofrecieron todo lo que uno puede soñar. Es catedrático a todos los efectos, pero tiene la libertad absoluta de tener los alumnos que quiera, de ir cuando quiera y hacer lo que quiera.
- ¿Cuánto ensaya?
- Allí, desde las 6.30 hasta que ya no puede más, por la noche. Todo alrededor del piano. No hay vacaciones, pero como le gusta tanto lo que hace… Ahí voy yo, arrastrando los pies detrás.
- ¿Es cansado?
- Pasamos el charco todos los meses y eso hay que combinarlo con otros viajes: Australia, Japón, China, Europa… Una vida en la carretera de los cielos. Todo el trabajo de oficina, secretaría… Todo lo coordino yo.
- ¿Toma decisiones por él?
- Sí.
- ¿Rechaza conciertos sin consultarle?
- También. Lo importante lo hablamos, pero si tengo que tomar una decisión la tomo. Y él lo acepta.
- Confía en usted.
- Si después de 50 años no tiene confianza, apaga y vámonos.
- ¿Con qué plazos trabajan?
- Estamos con 2012-13. Casi no vivo el presente.
- ¿Hay en el mercado agendas de dentro de dos años?
- Sí, y si no, en el iPhone. Yo llevó un cuaderno de esos de espiral con una foto de un nieto en la portada o un muñeco de 'Bugs Bunny'. Me gustan los cuadernos de colegio. Él me pregunta adónde va, qué tiene que tocar, en qué hotel se aloja… A veces, sale de viaje sin idea de lo que tiene que hacer.
«Hay pianos traicioneros»
- ¿Repiten hoteles y restaurantes?
- El hotel lo pone la organización y nosotros somos de ir a la tasca. Si comes en el hotel, no sabes en qué país estás.
- ¿Cómo elige el repertorio?
- En principio, el que quiere él. Son grandes compositores, obras maestras. Es muy tentador quedarse en eso. Si es con orquesta, le proponen una obra o le preguntan qué quiere.
- ¿Y música moderna?
- La bossa nova y el jazz nos gustan que nos morimos. Nos mandan muchas obras a casa para ver si las puede interpretar, pero el problema es el tiempo. Los contratos obligan y se debe perfeccionar lo que hay que tocar.
- ¿Es importante el piano?
- Claro, algunos son traicioneros. Atacas las teclas como debes hacerlo, pero no suena como debe y crea mucha ansiedad.
- ¿Le sigue siempre?
- Sí. Nuestra casa somos nosotros. Estamos juntos todo el día. Podría pensar en la pereza de coger un avión, pero ni me lo planteo. Ésta es la vida que he elegido.
- ¿Sabría distinguir a ciegas si es él quien está al piano?
- Creo que sí. Un gran pianista, Martin Schnabl, decía que la música es el silencio entre las notas. En casa tengo a alguien que recorre muy bien el silencio entre las notas. Ahí reconozco a Joaquín.

Pucñicado en El Correo, 13/3/11.

La foto es de Gabriela Barnuevo.
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