22 de octubre de 2017

Consecuencias de hacer limpieza en el despacho

Antes de que comenzara el curso, decidí hacer limpieza en el despacho. Algunas 'azetas' no las había abierto en los últimos cinco años. Allá me fui.
En una de ellas encontré una carpeta en la que, durante un tiempo, guardé los mejores reportajes y entrevistas del alumnado. De uno de ellos, de J. D., los conservaba todos. Los miré sin gran interés, pero tuve curiosidad por saber qué habría sido de aquel excelente periodista. Hoy es tan fácil encontrar a la gente... Di con él en Facebook y le mandé un mensaje por si quería recuperarlos. Habían pasado 12 años. No tardó en responderme que sí, que me lo agradecería.
Esta semana, mes y medio después, me puse a la tarea, los escaneé y se los envié. Antes de hacerlo, me di cuenta de que una de las entrevistas era a un ganadero de Vega de Pas, Cantabria, un lugar con el que tengo fuertes vinculaciones emocionales. Las tengo ahora, pero no en aquella primavera de 2005 en que J. fue mi alumno. Como me causó sorpresa la coincidencia, se lo conté en el email y metí los trabajos en la mochila para leerlos en el autobús hacia casa.
Qué buenos trabajos. En uno de ellos, describe a una vaca de nombre Darlin, más cara que un mercedes, y que había ganado la 'champiunlí' de las vacas; en otro, acompaña al panadero en el reparto del pan ("En mi casa, soy yo quien despierta al gallo"); "Un día negro es ese en el que se produce una riada, un temporal, un incendio...", le dice un empleado municipal.
J. no tardó en contestarme.: "Madre mía qué de recuerdos. Ahora noto la desmesura de la juventud a la hora de escribir y describir, pero me ha encantado releerme, la verdad (hay algo de vanidad, lo reconozco)". Han pasado 12 años. J. tendrá 34 o 35. Me habla de su trayectoria, de sus éxitos profesionales, y se confiesa: "Mis hijos me hicieron ver que no merecía la pena dedicar tantas horas al trabajo y tan pocas a la vida". Abandonó la profesión.
Lo leo y me da pena que el periodismo haya perdido a alguien tan talentoso, pero de inmediato se me transforma en admiración hacia un joven que supo elegir y optó por él, por la familia y la vida.
La docencia proporciona estas oportunidades: Por ejemplo, que un exalumno se despida de este modo: "En definitiva y respondiendo a tu pregunta, estoy fabulosamente bien instalado en la vida".



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